|
A FIN DE CUENTAS aún no he podido arborecer, y mi charla fue siempre un balbuceo, ambiguo, sospechoso.
Algo les falta aún a mis sentidos para olfatear la dicha, la fe de los creyentes, esa fe que resiste la prueba irrefutable del más ronco alarido.
Soy un hombre inconcluso, y ya es un poco tarde para intentar de nuevo mejorar mis reflejos, o esperar con paciencia el crecimiento firme de aletas y de branquias, de ruedas vigorosas, pues la nada me espera en cualquier sitio, tal vez en la cocina, tal vez mientras escribo esta trivial noticia de mis días.
Tomado de Poemania 163
|